Investigación revela que la pandemia aceleró el envejecimiento del cerebro incluso sin infección por COVID-19
Un estudio británico encontró que la pandemia de COVID-19 aceleró el envejecimiento cerebral en un promedio de 5,5 meses. Este efecto se observó incluso en personas que no se infectaron con el virus.
La investigación, realizada por la Universidad de Nottingham y publicada en Nature Communications, analizó datos de 996 personas. El objetivo fue medir los cambios cerebrales ocurridos durante el periodo de pandemia.
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Exposure to COVID-19 virus-like particles modulates firing patterns of cortical neurons in the mouse brain: Communications Biology, Published online: 03 July 2025; doi:10.1038/s42003-025-08435-8Longitudinal monitoring of the effects of exposure to… https://t.co/73qLCSMXPU pic.twitter.com/lP96ucsVUg
— Communications Biology (@CommsBio) July 24, 2025
El trabajo utilizó inteligencia artificial entrenada con información del Biobanco del Reino Unido. Los datos provenían de más de 15 mil personas sanas y permitieron calcular la diferencia entre la edad cerebral estimada y la edad real.
Se compararon dos grupos. El primero incluía 564 personas con imágenes cerebrales tomadas antes de la pandemia. El segundo incluía 432 personas con resonancias previas y posteriores a este periodo.
En promedio, quienes vivieron la pandemia mostraron un envejecimiento cerebral más rápido que el grupo control. El efecto fue mayor en hombres y personas con desventajas socioeconómicas.
Incluso sin infección, factores como el aislamiento, la incertidumbre y el estrés parecen haber contribuido al cambio. Sin embargo, el envejecimiento acelerado fue más evidente en quienes tuvieron COVID-19, especialmente en personas de mayor edad.
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El investigador Ali-Reza Mohammadi-Nejad destacó que le sorprendió encontrar un aumento significativo de la edad cerebral en personas no infectadas. Considera que la experiencia de la pandemia en sí podría explicar este fenómeno.
Las pruebas cognitivas mostraron que solo en personas infectadas hubo una disminución notable en funciones como la flexibilidad mental y la velocidad de procesamiento.
Los autores reconocen que se necesitan más estudios para determinar la duración de estos cambios. También señalan que podrían ser reversibles, aunque aún no se ha comprobado.
Expertos externos recomiendan cautela al interpretar los resultados, ya que el impacto medio detectado es de pocos meses y con efectos cognitivos limitados.

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