Instantáneas Sobre el Fin del Mundo por Alfredo Peñuelas Rivas
Los problemas de la humanidad comienzan con un ángel. El arcángel Uriel fue quien expulsó a Adán y Eva del Paraíso ya que esta entidad celestial era el encargado de cuidar su entrada, y sería el propio Uriel quien traería el fuego en el momento del Apocalipsis.
También fue el ángel Gabriel quien llegó a Nazareth para anunciarle una virgen desposada con cierto varón de la Casa de David, llamado José que daría a luz al hijo de Dios. Si atendemos a la etimología, la palabra “ángel” proviene del griego ἄγγελος que quiere decir “mensajero”, así que, debido a las múltiples funciones encomendadas por el creador de los cristianos hace que los ángeles sean altamente retratables.
El Museo Nacional de Arte (MUNAL) presentan la exposición Ángeles. Las huestes celestiales en la Tierra, la cual reúne unas 200 piezas, la mayoría del acervo del Munal y de comodatos de 38 colecciones públicas y privada. Aunque los ángeles llegaron a nuestro territorio hace 500 años, la exposición incluye algunas obras europeas del siglo XVI, mostrando la ambivalencia entre el ángel sagrado y el profano.
La muestra exhibe una gran cantidad de pintores conocidos y algunos cuadros de autores anónimos
José de Alcíbar, Luis Juárez, Cristóbal de Villalpando, Juan Correa y Miguel Cabrera, pintores virreinales, conviven con los creadores del siglo XIX como Félix Parra, Juan de Mata Pacheco y Manuel Ocaranza, y también encontramos a destacados artistas del siglo XX y XXI como lo son Chucho Reyes, Jesús Guerrero Galván, Juan Soriano, Carmen Parra, Mathias Goeritz, Cordelia Urueta, Gunther Gerzso, Luis Ortiz Monasterio y Javier Marín, o bien fotografías de Manuel Álvarez Bravo y Mariana Yampolsky.
Además de los conocidos San Gabriel o su antagonista, Lucifer (la estrella de la mañana o el ángel profano) encontramos un buen número de querubines, cortes celestiales enteras y algunos otros ángeles con funciones diversas, como los ángeles arcabuceros o las referencias eróticas de Juan Soriano.
También se pueden ver algunas esculturas antiguas talladas en madera y en marfil, por lo que la exposición no sólo cuenta con variedad en las técnicas de la pinturas sino en sus formas plásticas ya que también hay esculturas, fotografías y hasta video e instalaciones.
La exposición tardó en gestarse más de cinco años, según explica Héctor Palhares, director del MUNAL. Se tratan de piezas de provenientes de 38 colecciones y realizadas por más de 60 artistas. Como parte de esta muestra está la reaparición de la obra Santa Cecilia, del pintor Andrés de Concha, considerada la pieza de arte más antigua que posee este recinto, datada en el siglo XVI y que se presenta después de una exhaustiva restauración de casi 20 años.
También se exponen algunas obras que muestran la escena conocida como el Éxtasis de Santa Teresa de Ávila, cuyo principal protagonista es, precisamente un ángel. “Ví a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla” (Libro de la Vida. Capítulo XXIX, Santa Teresa de Ávila).
La obra incluye dos piezas que llaman mucho la atención. El cuadro Sueño de Claudia Prócula, esposa de Poncio Pilatos, pintado por el francés Paul Gustave Doré en 1879 y, como colofón la presencia de la cabeza de la Victoria alada, Nike, mejor conocida por los mexicanos como el Ángel de la Independencia. Esta singular pieza se trata de la misma que se desprendió de su base durante el sismo del 28 de julio de 1957 ocurrido en la Ciudad de México y del cual hay amplia memoria fotográfica.
La exposición corre por un doble fin, por un lado revisar la evolución de 500 años de pintura mexicana y por otro, el reflexionar de cómo los ángeles han sido (y seguirán siendo) una obsesión de los seres humano por seres alados, al grado que sus representaciones plásticas suelen oscilar entre lo divino a lo profano. ¿Acaso estos antiguos mensajeros son las excusas ideales para que nuestros mensajes profanos resulten igual de ambiguos?

No Comment! Be the first one.