El olvido de leer
Instantáneas Sobre el Fin del Mundo por Alfredo Peñuelas Rivas
La semana pasada fueron los aniversarios de dos de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo XX: Jorge Luis Borges, nacido un 24 de agosto de 1899; y Julio Cortázar, del 26 de agosto, pero de 1914. Si bien a ambos escritores los unen muchas cosas como el hecho de ser argentinos, de ser grandes cuentistas y de estar asociados al fenómeno editorial del Boom latinoamericano, una de sus principales afinidades es el amor a los libros. Mientras que Borges afirmó que imaginaba al Paraíso bajo la especie de una biblioteca, Cortázar dijo que “los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”. Por desgracia, ese amor que se tiene por la palabra impresa, al menos en nuestro país, ha ido desvaneciéndose.
En materia de lectura, la posición que ocupa México a nivel internacional es muy por debajo de la media a nivel Latinoamérica. De 30 países, México se encuentra en la posición número 24, con un promedio de lectura de 5.5 horas semanales. Incluso, hay encuestas que revelan que más del 80% de los mexicanos afirma no haber leído siquiera un libro al año, lo que también nos habla de la falta de hábitos de lectura.
Los datos en México no son nada alentadores. Según cifras del INEGI, a través de su Módulo sobre Lectura (MOLEC), en 2024, 69.6 % de la población alfabeta de 18 años y más declaró haber leído alguno de los siguientes materiales: libros, revistas, periódicos, historietas o páginas de Internet, foros o blogs. Si bien pareciera una puntuación alta, este dato es 14.6 puntos porcentuales menor, con relación a la cifra del primer levantamiento del MOLEC en 2015 (84.2 %), lo que indicaría una drástica caída en los hábitos lectores en general durante los últimos 10 años.
Entre la población lectora, lo más leído fueron los libros (41.8 %). Siguieron las páginas de Internet, foros o blogs (39.4 %), revistas (21.7 %), periódicos (17.8 %) e historietas (4.6 %). Un dato relevante es que la lectura de periódicos disminuyó 31.6 puntos porcentuales, al pasar de 49.4 % de la población lectora en 2015 a 17.8 %, en 2024, fenómeno que en si mismo merecería un estudio aparte.
En cuanto al promedio sobre la cantidad de libros leídos también existe un descenso, ya que baja de 3.4 en 2023 a 3.2 el promedio de libros leídos por los mexicanos en 2024. Si comparamos con los hábitos lectores de otros países, España sigue estando a la cabeza en los países de habla hispana con 10.3 libros leídos por año, es decir, el 61%, mientras que Argentina y Chile serían los más avanzados en lectura en Latinoamérica con 5.4 y 4.5 libros por año, respectivamente. Pero ya el problema más grave no es la cantidad de libros que se lee sino la capacidad de comprensión que se tiene sobre lo leído.
De acuerdo con la prueba PISA 2022, realizada en México entre jóvenes de 15 años, es que el 64% de los estudiantes son incapaces de entender la idea central de un texto. Lo anterior trae diversas consecuencias que terminarán impactando en su futuro laboral ya que tan sólo el 28% de los estudiantes en México termina la universidad y tan sólo el 30% trabaja en el área que estudió. Si a esto le sumamos que a causa de la pandemia de COVID-19, entre 2020 y 2023 abandonaron los estudios un millón 254 mil alumnos el panorama resulta aún más incierto.
Por supuesto quienes más se verán afectados por este fenómeno será el estrato más joven de la población. Un estudio del Banco Mundial, y UNICEF, en colaboración con la UNESCO, realizado en 2022 durante la pandemia de COVD-19, prevé que cuatro de cada cinco alumnos de sexto grado en América Latina y el Caribe (ALC) no alcancen el nivel mínimo de comprensión lectora. Estas pérdidas de aprendizaje podrían costar a los alumnos de hoy una reducción en sus ingresos del 12 por ciento a lo largo de su vida, por lo que es inminente encontrar soluciones inmediatas.
Los hábitos de lectura tienen que pasar más allá del simple “amor a los libros” para convertirse en estrategias de aprendizaje y comprensión lectura. Aún no hemos dimensionado la catástrofe económica y social que pudiera derivarse de ello. Por desgracia, una catástrofe que pareciera ser inminente.

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