El Cártel de Sinaloa y su reconfiguración tras la detención de Joaquín Guzmán en 2016
La captura de Joaquín Guzmán Loera, ocurrida el 8 de enero de 2016, marcó un antes y un después para el Cártel de Sinaloa. La detención del entonces líder modificó la estructura interna de la organización. También generó cambios operativos que continúan influyendo en su funcionamiento actual.
El arresto se realizó en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, como parte de un operativo federal conocido como “Cisne Negro”. En la acción también fue detenido Iván Gastélum Cruz, identificado como un operador relevante. La noticia fue confirmada oficialmente por el gobierno mexicano ese mismo día.
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Tras la captura, la organización inició un proceso de reorganización. El liderazgo pasó gradualmente a manos de los hijos de Guzmán. Iván Archivaldo, Jesús Alfredo, Joaquín y Ovidio Guzmán asumieron funciones clave. Este grupo fue identificado públicamente como “Los Chapitos”.
De manera paralela, Ismael Zambada García, conocido como El Mayo, reforzó su papel como figura histórica dentro del grupo. Su experiencia permitió cierta continuidad operativa. Sin embargo, la ausencia de Guzmán provocó tensiones internas. La redistribución del poder generó desconfianza entre facciones.
Uno de los episodios más críticos fue la confrontación con el grupo conocido como Los Licenciados. Esta facción era encabezada por Dámaso López Núñez, antiguo colaborador cercano de Guzmán. La disputa surgió por diferencias en el control de rutas y decisiones estratégicas.
Los enfrentamientos entre ambos grupos se intensificaron durante 2017. Varias regiones de Sinaloa y Baja California registraron episodios de inestabilidad. Con el tiempo, Los Licenciados perdieron fuerza. Dámaso López fue detenido y su hijo se entregó a autoridades estadounidenses.

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