El Último Viaje al lado de un Buen Compañero
De Todo y de Nada por Sergio G. Haro
De acuerdo con la mitología mexica, cuando una persona moría, su alma no iba directamente a un lugar de descanso eterno. Los muertos debían superar varios obstáculos antes de llegar al Mictlán, el destino final para la mayoría de las almas, excepto aquellas de guerreros caídos en batalla, mujeres fallecidas durante el parto o personas que morían por causas relacionadas con el agua, quienes tenían otros destinos. Este viaje al Mictlán duraba cuatro años y estaba lleno de desafíos.
Uno de los primeros grandes obstáculos era el río Apanohuacalhuia, que se creía tenía una corriente caudalosa y peligrosa. Para cruzarlo, las almas necesitaban la ayuda de un xoloitzcuintle, un perro que debía haber sido su compañero en vida. Este perro se convertía en su guía y protector, y era fundamental haberlo tratado bien durante su existencia, ya que solo los perros bien cuidados ayudaban a sus dueños a cruzar.
Si la persona no había sido bondadosa con los animales, su alma quedaba atrapada en las orillas del río, incapaz de continuar su travesía. En lo personal, encuentro esta idea mucho más agradable que la de la mitología griega; prefiero que mi paso al otro lado dependa de la relación que tuve con mi mascota, en lugar de llevar unas monedas para Caronte o un ramo de oro. Esta visión me exige ser una mejor persona, sin importar si tengo o no dinero.
El xoloitzcuintle es una raza nativa de México. Existen evidencias que muestran que ha existido por al menos 3,500 años, lo que lo convierte en una de las razas caninas más antiguas del mundo. Se creía que estos perros habían sido creados por los dioses para acompañar a los humanos tanto en vida como en la muerte, por lo que, para los mexicas, eran considerados sagrados.
Xólotl, hermano gemelo de Quetzalcóatl, es la deidad asociada a la muerte, las sombras y el tránsito entre mundos. A diferencia de su hermano, vinculado a la vida y la luz, Xólotl era una figura relacionada con los aspectos más oscuros del ciclo de la vida. En algunos mitos, se describe a Xólotl con rasgos deformados o caninos, lo que conecta directamente con el xoloitzcuintle, cuyo nombre significa “el perro de Xólotl” o “el perro de la muerte.” Esta relación explica por qué algunos xoloitzcuintles eran sacrificados y enterrados junto a sus dueños, para asegurarse de que pudieran cumplir con su tarea de guiar a sus amos en el más allá, lo que resalta la importancia de este ritual en la cultura mexica.
Solo espero que esta creencia se pueda actualizar y personalizar un poco, y que el cariño y los cuidados que le damos a Obi-Wan, nuestro Golden Retriever, cuenten para que nos ayude a cruzar el río a mi esposa y a mí. Así, hará honor a su nombre, comportándose como un héroe y nuestro protector.
Este mito refuerza la visión de que la bondad y el trato hacia los animales en vida tiene repercusiones en la muerte, además de las enormes satisfacciones que nos brindan en este plano terrenal. No se trata solo de tener un perro ni quién te lo dio o las fotos que puedas subir de él en las redes sociales, sino de cuidarlo con respeto y amor hasta que uno acompañe al otro en su último viaje.


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