El fin de la belleza
Por Alfredo Peñuelas Rivas
En octubre de 2022, en la National Gallery de Londres una de las versiones de “Los girasoles”, de Vincent Van Gogh, fue “atacada” por el grupo ecologista Just Stop Oil. Un par de jóvenes arrojaron sopa de tomate a la obra y se videograbaron mientras emitieron un discurso con el punto de vista de la organización que buscaba exigir que el ejecutivo británico detenga todos los nuevos proyectos de explotación de hidrocarburos. Esto no fue un hecho aislado.
En julio de ese mismo año, los miembros de Just Stop Oil se pegaron a una copia de la obra “La última cena”, de Leonardo da Vinci, que se encuentra en la Royal Academy of Art de Londres. También ese mes, otros miembros de una organización activista climática italiana se pegaron al cuadro “Primavera”, de Sandro Botticelli en la Galería Ufizzi, en Florencia.

Los ataques a las obras de arte cumplen con un objetivo claro: El visibilizar la protesta del grupo ecologista Just Stop Oil, aunque, hay que decirlo, no logrado muchas simpatías para su causa debido a su proceder. ¿Qué tienen en común los manifestantes además de sus intenciones ecologistas? Que, en su mayoría, son muy jóvenes.
En septiembre pasado el suplemento cultural del diario El País, Babelia, publicaba un artículo que se intitulaba “¿Qué queda de lo sublime?”. El texto comienza aludiendo al primer curso Literatura Clásica de cierta universidad que lanzaba dos preguntas fundamentales para entender el arte: “¿Qué es lo bello?, ¿qué es lo sublime?”. La pregunta se quedó sin respuesta. Si esto ocurre en un grupo de jóvenes destinado a estudiar por interés el arte y la literatura no me quiero ni imaginar lo que pasa para aquellos en que la belleza sea solamente un asunto accesorio.
Es verdad que estamos lejos de lo planteado por Longino en su tratado De lo sublime, donde el autor afirma que “la primera y más importante fuente de sublimidad es el poder de formar grandes concepciones”. En un mundo donde la búsqueda de emociones se da por Youtube, TikTok y los valores estéticos son dictados por Marvel o Disney es cada vez más difícil que los valores estéticos tradicionales tengan cabida. Lo es mucho más el plantearse una reflexión sobre lo que representan o la función social que el arte debe de cumplir. ¿Son los jóvenes los culpables de ello?
En España, en 2022, el nuevo plan del Gobierno para la Educación Secundaria Obligatoria contempló la desaparición de la Filosofía como materia obligatoria y la convirtió en optativa. En México se planteó lo mismo desde hace más de una década. El viernes 26 de septiembre de 2008 apareció publicado en el Diario Oficial de la Federación el Acuerdo 442, por medio del cual se establece el Sistema Nacional de Bachillerato (SNB) , por primera vez en la historia moderna de nuestro país desaparecen las disciplinas filosóficas. Y lo mismo ha ocurrido en países como Argentina y Chile, por mencionar algunos casos. Lo anterior va acorde con las nuevas tendencias educativas globales de generar una educación mucho más “práctica” para enfrentar la realidad actual.
Si atendemos a que dichas reformas educativas se han implementado durante las últimas dos décadas, podremos observar que el impacto de esta ausencia de reflexión estética se da en las generaciones más jóvenes como lo son los manifestantes que atentan contra las obras de arte. Otro tema complementario es el poco interés que se tiene por la difusión y el conocimiento del arte. Si bien, en nuestro país existen mil 273 museos los cuales, durante 2022, fueron visitados por más de 37.5% de personas, según datos del INEGI, el 80% de los encuestados comentaron que era la primera vez que visitaba un museo. De este total, tan sólo el 23.6 % acudió para ver una exposición artística.
En un mundo bombardeado por cantidades absurdas de información inmediata, que se traduce en la misma proporción de referentes estéticos es difícil plantear una salida y una reflexión a la pregunta inicial: ¿Qué es la belleza? ¿Qué es lo sublime? Esta tarea se dificulta si los encargados de la educación no brindan herramientas para que los jóvenes tengan referentes estéticos o reflexivos en torno a la función que cumple el arte en nuestras vidas.

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